Rally Mundiales de Argentina 2012, 2013 & 2014 - Mis tres rallyes perdidos (2012-2014)
Entre 2012 y 2014, el Rally de Argentina vivió una trilogía inolvidable que capturó el alma del Mundial de Rallyes: el ocaso glorioso de Sébastien Loeb, la irrupción imparable de Volkswagen y un cambio de era escrito en los polvorientos caminos de Córdoba. Pero para mí, estos fueron más que competiciones; fueron mis tres rallyes perdidos, las únicas ediciones desde 1996 en las que no estuve presente entre la multitud, sintiendo el rugido de los WRC en las sierras. No por falta de ganas, sino porque la vida —mi profesión en Ushuaia, Motorola, Google— me alejó físicamente, aunque mi corazón siguiera latiendo al ritmo de cada tramo.
La Ausencia que Dolió: De las Sierras a Ushuaia
Podría decirse que, más allá de los números y las estadísticas, esos tres años en Argentina marcaron en silencio una ausencia muy personal. Fueron mis tres rallyes perdidos, las únicas ediciones desde 1996 en las que no me abrí paso entre la niebla de las sierras ni respiré el olor a tierra húmeda y combustible a la vera de los caminos. No fue por falta de ganas, ni porque el corazón se hubiera olvidado del ruido de los motores; simplemente la vida me llevó lejos, hasta el extremo austral del mapa.
Mi profesión me empujó a Ushuaia, a ese rincón donde el viento parece venir de otra época y el mundo se termina en el mar, y desde allí el rally se convirtió en una cita a distancia. El camino laboral siguió su propia ruta: de Motorola a una compañía ligada a Google, con horarios, responsabilidades y prioridades que, poco a poco, fueron alejando mi cuerpo de los vados y los precipicios cordobeses, aunque nunca consiguieron arrancar de raíz la pasión. Mientras el Mundial cambiaba de manos, de Citroën a Volkswagen, también cambiaban mis días, mis oficinas y mis rutinas.
Sin embargo, ni la geografía ni el trabajo pudieron con el ritual interior. Desde Ushuaia, en el extremo sur argentino, seguí cada tramo por televisión, como quien mira desde una ventana a la que no puede asomarse del todo, pero no deja de apoyar la frente en el vidrio. Las cámaras mostraban El Cóndor, Mina Clavero, los caminos de siempre, y en cada curva reconocía un recuerdo propio, una tarde, una foto, una anécdota que sólo tiene sentido para quien la vivió. Había nostalgia, sí, una punzada suave cada vez que veía el helicóptero sobrevolar la sierra, pero también una alegría profunda: el rally seguía ahí, emotivo como siempre, recordándome que uno puede estar lejos del camino y, aun así, seguir recorriéndolo por dentro.
2012: la última gran demostración de Loeb en las sierras
El Rally de Argentina de 2012 fue la 32.ª edición de la prueba y la quinta cita del Mundial, con base en Villa Carlos Paz y tramos desplegados por los clásicos caminos de Córdoba, del 27 al 29 de abril. Era todavía el campeonato de Sébastien Loeb, del Citroën DS3 WRC y de una estructura gala que dominaba el deporte con una autoridad casi rutinaria.
La edición llegó marcada por una baja de peso: Jari-Matti Latvala, piloto oficial de Ford, se lesionó practicando esquí de fondo y quedó fuera del rally. Su ausencia abrió una puerta curiosa: Dani Sordo, vinculado entonces al proyecto de Prodrive, fue elegido para sustituirle en el equipo oficial, añadiendo un matiz estratégico a la pelea Ford–Citroën.
En el arranque, Petter Solberg, el otro gran nombre de Ford, salió decidido a incomodar a los Citroën y se hizo con el liderazgo tras los primeros tramos, apoyado en su velocidad en especiales largas como La Pampa/La Pampa y Ascochinga/Agua de Oro. Loeb, sin embargo, manejó los tiempos a su estilo: dejó que Solberg marcara la pauta en las primeras especiales mientras él calibraba el ritmo, las gomas y la lectura del terreno, antes de lanzar el ataque definitivo.
La clave de la prueba fue la combinación de constancia y gestión del riesgo de los Citroën frente a la agresividad de sus rivales. Loeb y Mikko Hirvonen coparon la zona alta de la clasificación a medida que avanzaban los días, aprovechando cada tramo largo para ir consolidando diferencias. Solberg, obligado a arriesgar para compensar, firmó múltiples scratch, especialmente en la última etapa, pero no encontró la continuidad necesaria para poner en jaque el control del francés.
El golpe de teatro llegó en el desenlace con Dani Sordo: cuando apuntaba al podio, el alternador de su Ford Fiesta WRC dijo basta en el último tramo, dejándole fuera de carrera y cediendo el tercer puesto a Mads Østberg. La imagen sintetizaba la temporada de Ford: velocidad, destellos, pero demasiados puntos perdidos por fiabilidad y detalles.
En la clasificación final, Loeb se llevó la victoria –la número 70 de su carrera en el Mundial, una cifra monumental– con Hirvonen segundo y Østberg tercero. Para Loeb fue también su podio número 106, un acumulado que ilustraba la magnitud de su dominio en la era moderna del WRC. El triunfo reforzó el control de Citroën tanto en el campeonato de pilotos como en el de constructores, prolongando la sensación de que el francés y la marca de los chevrones seguían siendo la referencia absoluta.
Solberg terminó sexto, pero dejó su huella de otra manera: sumó ocho puntos en el rally y tres más en la Power Stage, completando así un récord de 150 rallyes consecutivos puntuando en el Mundial, un registro de regularidad que habló tanto de su talento como de su longevidad deportiva. El propio tramo final, la Power Stage en Copina, reforzó esa estadística con el noruego marcando el mejor tiempo y asegurándose los puntos extra.
En el telón de fondo, el Rally de Argentina 2012 conservó su esencia: especiales de enorme kilometraje como Matadero–Ambul y los clásicos Mina Clavero y El Cóndor, con cambios de ritmo, niebla habitual en las cumbres y el público argentino volcado en los bordes de los caminos. La prueba ofrecía el cóctel perfecto para Loeb: enlaces largos, gestión, resistencia y una lectura del rally más cercana a una carrera por eliminación que a un sprint, terreno en el que el francés se sentía prácticamente imbatible.
2013: el regreso del rey y la tensión con el nuevo orden
Un año después, el Rally Argentina volvió a situarse como la quinta ronda del calendario, esta vez en el contexto de una temporada de transición más marcada: Loeb sólo disputaría un programa parcial, mientras un nuevo Sébastien, Ogier, emergía como el rostro del futuro con el recién estrenado Volkswagen Polo R WRC. Entre ambos se dibujó una narrativa poderosa: el campeón de siempre visitando un feudo donde era casi intocable frente al aspirante que había llegado para cambiar el orden establecido.
La edición de 2013 se celebró del 3 al 5 de mayo, nuevamente con base en Villa Carlos Paz y con un recorrido que mantuvo la esencia: tramos de gran longitud, terreno roto, cambios de altura y el clima impredecible de la montaña cordobesa. Para Loeb, Argentina era un lugar especial: allí ya había acumulado una serie notable de victorias, y el escenario se prestaba como pocos a sus virtudes de control y resistencia.
Volkswagen, por su parte, aterrizaba con un proyecto en pleno crecimiento, sustentado en el talento de Ogier y el potencial del Polo R WRC. El francés había comenzado el año marcando el ritmo del campeonato, y Argentina era una referencia clave para medir hasta dónde podía llegar su dominio en un rally tradicionalmente favorable a Citroën.
La lucha por la punta se consolidó pronto entre Loeb y Ogier, con el veterano del DS3 y el nuevo líder del Polo R intercambiando golpes, siempre con la particularidad de que Loeb no estaba disputando el campeonato completo y podía permitirse afinar su enfoque exclusivamente en la victoria de la prueba. Ogier, en cambio, debía balancear la velocidad con la gestión de puntos de cara al título, lo que introdujo una tensión añadida en su planteamiento táctico.
Por detrás, la batalla por el tercer escalón del podio se convirtió en un duelo de alta intensidad entre Jari-Matti Latvala y Mikko Hirvonen. Latvala, ya integrado en Volkswagen, necesitaba resultados sólidos para acompañar la lucha de Ogier por el campeonato, mientras Hirvonen seguía siendo la segunda espada de Citroën en la defensa de su estatus histórico. Durante buena parte del rally, el finlandés de Citroën y su compatriota de Volkswagen pelearon por décimas, hasta que un problema eléctrico en el DS3 de Hirvonen rompió el equilibrio y le envió fuera de la lucha directa por el podio.
Latvala terminó consolidando ese tercer lugar, rematado con un ataque final que incluyó el mejor tiempo en la Power Stage, asegurando puntos extra y su primer podio en Argentina, que supuso el trigésimo cuarto podio de su trayectoria en el Mundial. Hirvonen, pese a las dificultades, logró remontar hasta el sexto lugar y se llevó un punto adicional al terminar tercero en la Power Stage, rescatando algo positivo de un rally complejo.
En la cima, Loeb firmó una victoria de peso simbólico: fue su triunfo número 78 en el Mundial y su podio número 116, reforzando la dimensión casi inalcanzable de sus números. Ogier terminó segundo, sumando su décimo noveno podio en el campeonato y confirmando que el proyecto Volkswagen había llegado para quedarse, incluso en territorios históricamente dominados por Citroën.
El resultado dejó una lectura doble. Por un lado, consolidó la despedida parcial de Loeb como una serie de actuaciones magistrales, escogiendo escenarios donde podía seguir imponiendo su ley. Por otro, reforzó la idea de que la hegemonía de Citroën estaba viviendo su capítulo final, con Ogier acumulando puntos clave para un título que terminaría asegurando esa misma temporada.
El Rally de Argentina 2013 fue, en esencia, una fotografía de un cruce de eras: la vieja guardia aún capaz de ganar cuando aparecía, pero con un nuevo orden estructural ya instalado en el campeonato. La afición argentina, acostumbrada a ver a Loeb como referencia, asistió a un duelo que mezclaba nostalgia por sus últimos años a tiempo completo con la certeza de que Ogier y Volkswagen tomarían el testigo.
2014: Latvala, Volkswagen y la consolidación del nuevo imperio
En 2014, el guion ya había cambiado de manos por completo: Volkswagen dominaba el Mundial y Sébastien Ogier era el campeón instalado en la cima, con el Polo R WRC como referencia técnica del campeonato. El Rally de Argentina, disputado entre el 8 y el 11 de mayo, llegaba como la quinta prueba de la temporada con la expectativa de confirmar si el dominio alemán se extendería también sobre uno de los terrenos más exigentes y particulares del calendario.
Esta vez, sin embargo, el protagonismo no sería solo de Ogier. Jari-Matti Latvala, en su segunda temporada en pleno con Volkswagen, encontró en las sierras cordobesas el escenario ideal para firmar una actuación de piloto total. Desde el segundo día de competición se colocó al frente de la clasificación, controlando el rally con un ritmo alto pero medido, apoyado en la solidez del Polo R y en una lectura del terreno que evidenció su madurez.
El itinerario de 2014 estuvo marcado por dos bucles de tramos largos en la montaña, con especiales en las que Volkswagen se repartió los triunfos parciales. Andreas Mikkelsen se anotó la primera victoria de tramo de la jornada en la montaña, pero Latvala respondió con tres scratch consecutivos en las especiales largas, consolidando una ventaja que acabó siendo decisiva. Thierry Neuville, con Hyundai, se llevó la superespecial del día, recordando que había otros proyectos en crecimiento, pero incapaces aún de disputar el triunfo absoluto.
Latvala cometió apenas un error relevante: un trompo en un horquilla del tramo 8 que le llevó a calar el motor, un detalle que podría haber abierto la puerta a Ogier. Sin embargo, el finlandés reaccionó de inmediato, mantuvo la calma y reconstruyó margen en los tramos siguientes, evitando que el incidente se convirtiera en un punto de inflexión.
Tras tres días largos de competencia, Latvala y Miikka Anttila sellaron su segunda victoria de la temporada, imponiéndose sobre Ogier por un minuto y 26,9 segundos. Para Latvala, fue su décima victoria en el Mundial y el podio número 42 de su carrera, cifras que consolidaban su estatus como uno de los grandes especialistas en rallies de tierra de la era moderna. El doblete de Volkswagen, con Ogier segundo, representó además una demostración de fuerza del equipo alemán, que sumaba así su victoria número 16 en el campeonato y un nuevo 1–2 para sus estadísticas de podios.
El tercer escalón del podio fue para Kris Meeke y Paul Nagle, en su primera participación mundialista en el Rally de Argentina, un resultado que supuso el segundo podio en la carrera de Meeke. Para Citroën, ese tercer lugar tenía un valor añadido: era una muestra de que, en plena era Volkswagen, todavía podían colocarse en el podio en una prueba histórica para la marca.
Más atrás, el rally dejó historias de gestión y supervivencia. Thierry Neuville, que había brillado en la superespecial, se vio obligado a reducir el ritmo en el último tramo por un problema en la transmisión de su Hyundai, sacrificando cualquier opción de escalar posiciones. Robert Kubica, en plena fase de adaptación y buscando terminar rallies más que arriesgar al límite, recogió el premio a una estrategia más conservadora con un sexto puesto y sus primeros puntos de la temporada. Elfyn Evans, en su primera participación en Argentina, firmó también un rally de aprendizaje, completando el recorrido con un enfoque seguro.
Martin Prokop finalizó octavo, mientras que Mikko Hirvonen, en una prueba cuesta arriba, escaló hasta la novena posición apoyado en tres victorias de tramo en la jornada final, un recordatorio de su velocidad pese a no pelear por el podio. El último punto en juego fue para Nasser Al-Attiyah, que además se llevó la victoria en la categoría WRC 2 por segunda fecha consecutiva, reforzando su estatus como referencia en esa división.
En la clasificación general del campeonato, el resultado dejó a Ogier líder del Mundial con 24 puntos de ventaja sobre Latvala, lo que subrayaba la particular dinámica dentro de Volkswagen: un equipo claramente dominante, pero con una pugna interna muy real entre sus dos pilotos estrella. Argentina, en ese contexto, sirvió para mostrar que Latvala podía ganar en terreno muy duro y, a la vez, para confirmar que Ogier seguiría siendo el hombre a batir a lo largo del año.
Un ciclo que cuenta la historia de un cambio de era
Si se miran juntos, los Rallyes de Argentina 2012, 2013 y 2014 ofrecen una narrativa compacta de lo que fue el cambio de era en el Mundial de Rally. En 2012, Loeb y Citroën aún mandaban con claridad, administrando un dominio que parecía no tener fecha de caducidad, al menos en los caminos cordobeses. En 2013, Loeb regresó como invitado de lujo y demostró que seguía siendo el rey puntual de Argentina, pero lo hizo ya frente a un Ogier que representaba el futuro inmediato con Volkswagen. Y en 2014, finalmente, la escena quedó completamente en manos del proyecto alemán, con Latvala y Ogier firmando un doblete que simbolizó el nuevo poder establecido.
Argentina, más que una simple parada en el calendario, funcionó en ese trienio como un espejo del Mundial entero: una prueba larga, exigente, donde la fiabilidad, el ritmo sostenido y la gestión inteligente valían tanto como la velocidad pura. Allí, Loeb agrandó su leyenda con victorias de récord; Ogier mostró por qué sería el heredero natural al trono; Latvala comprobó que podía ganar de forma autoritaria en uno de los rallies más duros del planeta; y pilotos como Meeke, Neuville, Kubica o Evans encontraron un capítulo significativo en sus respectivas historias deportivas.
Tres ediciones, tres relatos distintos y un hilo común: la manera en que las sierras de Córdoba, año tras año, se convierten en una especie de juez implacable del momento que atraviesa el Mundial, y en un escenario donde las grandes transformaciones del campeonato quedan escritas en polvo, piedra y altitud.
Para mí, desde Ushuaia, fueron años de TV nostálgica pero viva: el rally perdura, como mi pasión, más allá de distancias o profesiones. Emotivo siempre, eterno en el alma.
German H. Grosso